sábado, 6 de diciembre de 2014

En los últimos tiempos, el mundo ha sufrido transformaciones, que han traído un sinfín de cambios en las diversas sociedades. La tecnología ha arropado a la humanidad, la globalización pareciera que nos ha unido; sin embargo, los avances tecnológicos marchan encarecidamente y los individuos no parecen ir a la misma velocidad.
 La sociedad ha ido cambiando, por ende, la familia también lo ha hecho, ya que se ha adaptado a los avances y por ello, los roles han sido transformados, de alguna manera, los padres actuales deben trabajar a tiempos completo y los niños, en gran parte, son criados por personas ajenas a  ellos, o sino pasan la mayor parte de su infancia en escuelas para “ser educados”.
La familia ha cambiado de maneja social, pero, ésta no ha dejado de ser el núcleo más importante de la sociedad, pues de ella depende, fundamentalmente, la educación de los hijos que originé. Por eso, es preciso destacar, que un niño de esta "Era", por llamarlo así, no es un niño pasivo, aprendiz o enajenado como un niño de hace 30 ó 40 años atrás. Pues los mismos cambios que ha sufrido la sociedad han cambiado a los niños que hoy se están formando, actualmente los niños son investigadores, interactivos, participativos y hasta podría afirmarse que constructores de su aprendizaje. Es necesario, entonces, que los niños sean percibidos diferente, los niños hoy deben ser tratados por la familia y la sociedad como sujetos pensantes y autónomos.  
Un niño de hoy, necesita que se le dé la libertad de descubrir su vocación, de transformar su realidad, de promover cambios en su entorno, de ser participativo, activo y sobretodo sujeto de derecho como lo establecen las leyes, ya que un niño nace con la capacidad de elegir, crear y formar su aprendizaje y así no se le bloqueará la capacidad innata que tiene para la resolución de problemas, pues fácilmente se escucha: él resolvió solito, él solo lo descubrió, él solo lo hizo… entre otras cosas. Es por eso, que poco a poco la educación ha propuesto cambios y ha tomado protagonismo la educación integral, en los últimos años.
La escuela integral apuesta al desarrollo cognitivo, motriz y afectivo del niño, a través de satisfacer las necesidades inherentes que muestra el niño desde que nace por aprender y por descubrir él mismo, por supuesto con la protección de un adulto, que le facilite su aprendizaje, en vez de impedírselo con visiones obsoletas de la educación de niños ya inexistentes.

En fin, la educación integral, más que establecer parámetros, está buscando que el niño sea un ser capaz, autónomo, libre e independiente, competente de tomar decisiones y posturas a cerca de su presente y por ende, de su futuro ante la sociedad.